
Louise Bourgeois, fotografiada por Robert Mapplethorpe en 1982
Ayer falleció Louise Bourgeois ¡a los 98 años de edad!. Es cierto que por este motivo hoy queremos recordarla desde este blog, pensando en qué es lo que ha dejado, por qué será recordada y por qué debe figurar en la historia del arte. Y, evidentemente, se nos ocurren muchos argumentos, como que ha sido la primera mujer en hacer una retrospectiva en el MoMA, que fue injustamente ninguneada por la crítica durante casi 40 años o que ha creado un imaginario propio reconocible universalmente.
Pero por encima de ellos, la lección histórica de Bourgeois se relaciona con uno de esos grandes temas, que es la
reconexión entre el arte y la vida. Su obra, caracterizada en la creación de símbolos aterradores, herederos del surrealismo y del psicoanálisis, que manifiestan sus traumas infantiles, ha logrado subvertir las convenciones artísticas de su tiempo. La vigencia de su transgresión se debe tanto al desafío y crítica de las convenciones escultóricas institucionales, como a la denuncia, a través de un imaginario personal, de los estigmas de una sociedad patriarcal y falocéntrica, estandarte de un
statu quo que ha comenzado a derrumbarse en los últimos años, gracias a aportaciones de artistas de vanguardia como ella.
La eliminación de las barreras entre lo masculino y lo femenino, lo interior y lo exterior; lo individual y lo colectivo; su espíritu subversivo y crítico ante una sociedad represiva y heterocéntrica y una sensibilidad artística que le ha permitido combinar lo primitivista con la experimentación con nuevos materiales la han convertido en una artista imprescindible para la comprensión del arte del siglo XX y, por ello, hoy, le rendimos este pequeño homenaje...